Innovación y Barbarie (Cápsula 4.2) Habitantes polimórficos

Author: Alejandro Piscitelli
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Nota Bene Esta cápsula como todas las anteriores ha sido redactada en forma conjunta por quien suscribe y Julito Alonso, coautor de esta obra compartida.

Trabajamos en general de 9 a 5 (si formamos parte de los 12 millones de argentinos con trabajo registrado) y una porción importante de estos trabajadoras llegará a su oficina en un auto que en el total del día permanecerá inmóvil durante 22 horas.

Al finalizar el día volveremos a departamentos o casas que en promedio miden entre 40 y 120 metros cuadrados. Algunos, una minoría, tendrán un sólo trabajo a lo largo de toda su vida. Seguramente repetirán esa rutina sin las ventajas del día de la marmota. Fuera de la burbuja quedan problemas e incertidumbre para una enorme porción de habitantes del mundo. Todo previsible. ¿Es sostenible este esquema?

Hace bastante proliferan en las ciudades bicicletas compartidas. por ejemplo en la Ciudad de Buenos Aires los ciclistas pasaron de 20 mil a 300 mil en pocos años, solucionando así mínimamente algunos de estos incordios. Seguramente el vehículo autónomo se ponga a la cabeza y resuelva muchos más. Aplicaciones como AirBnB buscan transformar el formato habitacional ¿Porqué no imaginar una versión de hogar con el mismo carácter de ubicuidad y transitoriedad? Hoy dormimos allá, mañana acá. Nadie es dueño del espacio vital, circulamos eternamente.

4.2.1 Trabajo único de por vida

No hace tanto tiempo (¿30 años atrás?) una parte importante de la población, en los países desarrollados pero también en los emergentes, soñaba con arrellanarse en carreras profesionales de duraciónn laboral eterna. Curiosamente esa dedicación de por vida hoy aplica solamente en los cuerpos del estado: policía, bomberos, ejército, curas y profesores en general. Esa modalidad de trabajo para toda la vida basada en la membresía, que es una especialidad japonesa, no sólo permitía a un individuo habitar en la misma empresa sino además legar su lugar a parientes a una o dos generaciones vista.

Nada de esto sucederá con los mileniales y menos con los centeniales, y si bien podemos discrepar respecto de su lealtad corporativa: según los mileniales lo son en un 82%, según los empleadores sólo el 1%, de lo que no cabe duda es que un milenial rara vez se queda en un trabajo más de 3 años y es probable que a lo largo de su carrera activa pase por 12 o 14 ocupaciones distintas.

Pero no sólo se trata de un problema de inconformidad de carácter psicológico o generacional. Debemos sumar a esta constatación la problemática maligna del trabajo informal, la reducción creciente de jornadas laborales de día completo y la mutación de las carreras profesionales de los egresados universitarios, que tienen como objetivo seguir estudiando posgrados y doctorados.

En parte para mejorar su valor profesional cuando lo que antes era un techo (un doctorado) ahora se ha convertido en apenas un piso. Pero también porque con la sustitución creciente de trabajos medios a manos de las máquinas, -y el confinamiento de los superiores a una cerrada elite-, la formación permanente de medio se convierte en un fin.

La nueva elección de carrera conlleva también posibles nueva profesiones acumulando los respectivos títulos. Obviamente son muy pocos los centennials dispuestos a encerrarse para siempre en torres corporativas de largo plazo o en consultorías a salto de mata del mismo rubro.

4.2.2 Mobilias

En el capitalismo de consumo (a diferencia del capitalismo de ficción como nos anticipa Vicente Verdú, 2003) el desideratum era inequívoco. Terminar la escuela, ir a la universidad, comprarse un coche, comprarse un departamento o una casa y todos los pasos evolutivos dentro de cada categoría yendo de menos a más. En el caso argentino, el impuesto inflacionario, el banco hipotecario, planes de ahorro vehiculares, todos contribuían a facilitar ese tránsito.

En nuestro país, en el año ’74 el 70% de la población era de clase media (récord histórico) y con 13 salarios mínimos se compraba un Fiat 600, sólo había 4% de pobres. Hoy no llegamos al 35% y lo demás es historia: pauperización de la clase media, desigualdades crecientes, estado colapsado, 33% de pobres y un déficit habitacional monstruoso de 3,5 millones de hogares, creciendo a un ritmo de 36 mil por año. ¿Y si la solución a este déficit habitacional no fuera una combinatoria feliz de todo lo mencionado en el párrafo anterior sino un concepto totalmente distinto de lo que es vivienda?

A principios de los años ’80 conocimos a Fereidoun M. Esfandiary, un futurista que se autodefinía por haber sido programado para nacer en el siglo XXI, pero que accidentalmente nació en el XX, por lo que tenía una fuerte nostalgia por el futuro.

Su nuevo nombre fue FM-2030. No se considerada miembro de una familia del 2030, pero hacia allí quería ir. Deseaba morir en el año en que cumpliría 100 años, para ver todas sus predicciones cumplidas. Paradójicamente, falleció en el año 2000, pero su legado todavía nos permite pensar en sus ideas precursoras de los movimientos futuristas y transhumanistas.

Inspirado por los cambios epocales en la biología, ingeniería y ciencias de la computación de finales del siglo XX, FM-2030 buscó idear una sociedad fundamentalmente nueva: la genética y biología con formato de código abierto, el fin de la familia nuclear y la desaparición de ciudad como unidad de pertenencia territorial. Esta sería reemplazado por el concepto de Mobilia, comunidades modulares empoderadas por los sistemas de comunicación, que les permitiría reunirse por unos días, semanas, meses o años antes de volver a disolverse con la misma facilidad (Esfandiary, 1977).

Otras de sus ideas fuertes buscaba disolver las nociones políticas de izquierda / derecha suplantándola por la dicotomía arriba / abajo (UpWinger / DownWinger) en onda futurista. Si bien sus propuestas eran muy optimistas y poco complejas en su desarrollo, el académico Steve Fuller (2014) las reformuló en términos de Principios Proaccionista y Precausionista.

Los primeros argumentan que el riesgo de cualquier innovación tecnológica es inevitable y superada por la recompensa progresista. Los segundos, por el contrario, sostienen que cualquier pérdida cultural, ambiental, biológico e incluso económico es irreemplazable, y por eso el riesgo debe ser mitigado. ¿Una nueva forma de pensarnos como habitantes? Podemos ser de aquí o de allá, pero es necesario saber como poder movernos de un lado para otro (mental y físicamente) para lograrlo.

4.2.3 VMNP Vehículos Multiuso No-Propietarios

La Organización Internacional Constructora de Automóviles estimó en 2014 unos 1200 millones de unidades en circulación, se venden más de cien millones por año y como mencionamos mas arriba, curiosamente la mayoría de estos vehículos permanecen inmovilizados gran parte del día. A todo ello debemos tomarle el millón y medio de víctimas mortales anuales supuestas por la violencia del tráfico, lo que nos permite suponer la gran diferencia que se puede lograr en caso de una intensa intervención estatal a nivel mundial en como debería ser la industria del automóvil. Haciendo eco de la gran frase de Jean Dupuy “el transporte inmoviliza”, y aspiramos a la Mobilia.

Los pioneros esfuerzos para la transformación automovilística llegaron de la mano de Google y Tesla, ajenas a la industria, con algo sencillo pero complejo: autos autónomos y cambios en el formato de combustión. Pero también ambas han sido objeto de atención pública y mediática en relación a los accidentes que tuvieron sus respectivos autos.

Se han sumado más despacio que rápido empresas pioneras de la industria como Ford, General Motors y BMW, aceptando el inevitable desafío e imaginando, un poco ingenuamente, una importante cuota de mercado cuando lo que cambia no es si el auto es manejado por una persona o máquina sino el pasaje de una civilización “auto-céntrica a una “colectivo-céntrica, pero personalizada.

No es fácil pensar en cómo se dará este traspaso, pero empresas como the Boring Company, del mencionado Elon Musk, están buscando posibilidades en relación al denominado Hyper Loop, una serie de pasajes subterráneos con la mitad del diámetro utilizado para los sistemas de trenes subterráneos, donde cabe un auto o un móvil para varias personas que podrán viajar de una ciudad a otra en velocidades que rondan los 900 kilómetros por hora.

Renunciar a “conducir” vehículos no va a ser una decisión fácil de tomar sobretodo cuando a lo largo de casi siglo y medio estos se han convertido no solo en la personificación de la libertad y de la autonomía sino también en un rasgo de distinción identitario de primer nivel

Pero del mismo modo en que nociones de la teoría política ancestrales como la libertad, la capacidad de decisión y hasta la propia “fantasía del libre albedrío (Harari, 2018) han debido modificarse de modo convulsivo a partir de interferencias tecnológicas que permiten mutar nuestra ontología, lo mismo está por ocurrir con el desbarrancamiento de la figura centauro -humanos/automóviles.

4.2.4 ¿Cuánta de nuestra personalidad se la debemos al trabajo?

Los campos de concentración alemanes anunciaban siniestramente la libertad que nos da el trabajo: Arbeit macht Frei. Sin llegar a tamaños extremos eso es lo que nos prometen los trabajos formales y codificados. No sólo un uso productivo de nuestras capacidades sino también una remuneración acorde.

¿Qué pasaría si en la civilización del consumo actual si dejáramos de trabajar? Ya sea porque estudiamos, porque nos despidieron, porque hay un desempleo muy por encima de la tolerancia capitalista, porque la industria en la que estamos tiende a desaparecer, ya sea que podamos acudir a un seguro de desempleo o la solidaridad familiar o a una asignación universal básica. ¿Qué queda de nuestra identidad humana familiar si dejamos de trabajar?

Cuando alguien nos pregunta: ¿Vos qué hacés?, tendemos a contestar en una categoría distinta: plomero, abogada, filósofo, profesor, asistente/líder de proyecto, gerente de la empresa Tal o Cual.

Confundimos el hacer con la identidad. Nos definimos con etiquetas vinculadas a nuestro mundo laboral o profesional; nos identificamos con los roles, posiciones, funciones y títulos, y también con los nombres de los lugares donde trabajamos, la cultura, la gente y los espacios físicos donde interactuamos.

Como bien dice Andrea Churba parafraseando a Descartes, para muchos el lema parecería ser “Trabajo (de esto, en este lugar), luego existo”. Esas etiquetas, que funcionaron armoniosamente en otras épocas y para otras generaciones, cuando el mundo era más estable y más predecible, hoy tienen que desafiarse y flexibilizarse, porque la velocidad del entorno nos empuja con una frecuencia inusitada a actualizarnos, a ejercer nuevos roles, a probarnos en cosas nuevas y, la mayoría de las veces, hasta a reinventarnos.

Era mucho mas difícil asociar nuestra identidad con nuestra profesión, cuando los trabajos eran de por vida, cuando las profesiones evolucionaban lentamente, cuando la tecnología no rompía todas las prácticas, cuando un doctorado era un summun, o cuando los trabajos de la clase media eran numerosos, permitían deslizamientos horizontales y hasta eventualmente lograban en ocasiones asociarse los hobbies a nuestra actividad principal.

Hoy las habilidades mas recientes se vuelven obsoletas, las destrezas que se presumen de mas largo aliento se adquieren lentamente y mal, seguimos divididos por las humanidades de un lado y las ciencias del otro. Muchas de las tareas rutinarias están en mano de máquinas y cada vez mas son los profesionales que van mutando de carreras no quieren (no solo no no pueden) trabajar de 9 a 5.

Y si bien muchas de estas tendencias anuncian el fin del trabajo como supimos conocerlo a lo largo de casi 300 años (Diez Rodriguez, 2014) el desacople de la identidad personal de la laboral abre un mundo nuevo para innumerables posibilidades laborales y opcionss profesionales totalmente ajenas a las taxonomías hoy dominantes.

No solo se trata de articular generaciones harto incompatinles, sino personalidades muy variadas con propensión mas al conflicto que la conciliación.

4.2.5 Fundas (skins) y pilas (DNA digital)

Si bien este toolkit está lo mas cercano posible a los datos, a los números, a las estadísticas, a los gráficos comparativos etc, como un modo de demostrar mas lealtad al Factfulness (Rosling, 2018) que al Fake world, cada tanto es necesario incursionar en las antípodas de estos tangibles y mojar nuestros dedos en el agua de la especulación, sobretodo literaria y en la de la mejor ciencia-ficción.

Si bien este toolkit está lo mas cercano posible a los datos, a los números, a las estadísticas, a los gráficos comparativos etc, como un modo de demostrar mas lealtad al Factfulness (Rosling, 2018) que al Fake world, cada tanto es necesario incursionar en las antípodas de estos tangibles y mojar nuestros dedos en el agua de la especulación, sobretodo literaria y en la de la mejor ciencia-ficción.

Esta cápsula está dedicada a los habitantes polimórficos, a las mutaciones del trabajo que determinan (en menor o mayor medida) nuestra identidad, a nuevos modelos de vivienda y de ciudades en las antípodas de los “sólidos” de hoy en direcciones mas que líquidas, gaseosas. Dejando atrás la simbiosis hombre/máquinas que combina durante siglo y medio la capacidad limitada de transporte humano con la ilimitada de los automóviles. Pero ahora que perderemos las propiedad de nuestros modo de locomoción, que ya no seremos titulares de nuestros modos de alojamiento y que el fantasma del “declutering” de Marie Kondo (2014) amenaza imponer en la mayoría de nuestras prácticas podríamos ir aun mucho mas lejos con esta noción de polimorfa aplicada a nuestros cuerpos y mentes.

Un ejemplo magnífico que ilustra esta “mise en abime” es el mundo distópico de la novela Altered Carbon de Richard Morgan (2003),

En su distopía las personas pueden almacenarse digitalmente y descargarse en un nuevo cuerpo, llamado “sobres”. La mayoría de los individuos tienen acumulaciones corticales en sus columnas vertebrales (pilas) que almacenan su conciencia. Si su cuerpo muere, su pila puede ser almacenada indefinidamente.

Los católicos han dispuesto que no aprovecharán esa “libertad” porque creen que el alma va al cielo cuando mueren, y por lo tanto no pasarán al nuevo sobre. Esto hace que los católicos sean blancos asesinables fáciles, ya que los asesinos saben que sus víctimas no serán arrestadas para testificar.

Una resolución de la ONU para alterar esta posición legal forma parte de la trama de la novela, buscando permitir a las autoridades revivir a una mujer católica fallecida que testifique temporalmente en un juicio por asesinato.

Si bien la mayoría de las personas pueden darse el lujo de ser resucitadas al final de sus vidas, no pueden actualizar sus cuerpos y la mayoría pasa nuevamente por el proceso completo de envejecimiento nuevamente, lo que desalienta a la mayoría de las resurrecciones más de una o dos veces.

Si bien las personas normales pueden vivir indefinidamente en teoría, la mayoría opta por no hacerlo. Solo los ricos pueden adquirir cuerpos (jóvenes) de reemplazo de manera continua. Los de larga duración se llaman Meths, una referencia a la figura bíblica de Methuselah. Los muy ricos también son capaces de guardar copias de sus mentes -algo que ya habíamos visto en In Time de Andrew Niccol.

Si bien se trata de un diseño especulativo (Dunne y Raby, 2011), esta obra como muchas otras que cada tanto intercalamos en nuestra búsqueda del Factfulness es lo suficientemente significativa como insumo para diseños alternativos, que conviene explorar cuando se esta construyendo un toolkit orientado hacia futuros CON sorpresas.

Referencias

Camps, Victoria Paradojas del individualismo. Barcelona: Crítica, 1993.

Diez Rodriguez, Fernando Homo Faber. Historia intelectual del trabajo, 1675-1945. Madrid, Siglo XXI, 2014.

Dunne, Anthony & Ruby, Fiona. Speculative Everything. Design, Fiction, and Social Dreaming. The MIT Press, 2013.

Fereidoun M.Esfandiary Telespheres. Public Library, 1977.

Fuller, Steven et al The Proactionary Imperative A Foundation for Transhumanism. Palgrave Macmillan, 2014.

Gorz, André Metamorfosis del trabajo. Madrid: Sistema, 1995.

Kondo, Marie La magia del orden, 2014.

Morgan, Richard K. Altered Carbon Del Rey , 2003

Rosling, Hans Factfulness: Ten Reasons We’re Wrong About The World – And Why Things Are Better Than You Think. Sceptre, 2018.

Verdu, Vicente El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficcion. Barcelon a, Anagrana, 2003.

Innovación y Barbarie (Cápsula 4.2) Habitantes polimórficos
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