Innovación y Barbarie (Cápsula 4.4) Estados suficientes

Author: Alejandro Piscitelli
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Nota Bene Esta cápsula como todas las anteriores ha sido redactada en forma conjunta por quien suscribe y Julito Alonso, coautor de esta obra compartida.

Partiendo de posibles escenarios del futuro, que albergarán a numerosos habitantes ¿Cuántos: 8.600 millones en 2030, 9800 millones en 2050 and 11.200 millones en 2100 a una tasa anual del 2.0%?) en organizaciones (no tan) diversas a las actuales, es hora de abordar nuestro presente o futuro inmediato en relación a la supervivencia o entropización de los estados nacionales.

Más que de Estados eficientes (o fallidos Chomsky, 2007), preferimos hablar de Estados suficientes. Como coordinar sin ahogar; prestar servicios sin el lucro del privado. Un estado fuerte y regulador pero prescindente de acciones que estraguelen, especialmente a la economía.

Volvamos a la escala y al equilibrio en la toma de decisiones a nivel estatal. ¿Democracia directa como en la antigua Grecia? Seguramente era posible porque cinco mil personas decidían, pero el resto operaba. Con minorías seguro es más fácil. Pero, ¿cómo lograr cantidad y calidad? ¿Cómo llegar al diseño de liderazgo que no aplaste, imponga valores y que permita valorar las competencias técnicas subordinados a la demanda ciudadana?

4.4.1 Ciudades aulas. Ciudades laboratorios.

Las ciudades son entidades vivas, complejas y dinámicas. Ecosistemas urbanísticos compuestos de acero y concreto esperando a ser descubiertos para la exploración y la investigación (Sudjic, 2018). Sin embargo, la mayoría de las interfases entre ciudad y ecología no son fácilmente accesibles y un acople critico y valioso es incluso un privilegio difícil de lograr. A partir de esta problemática el MIT (una vez más) ha buscado aportar a la problemática.

La ciudad como un aula, la ciudad como una laboratorio, es una serie de seis talleres para los jóvenes (8 a 14) del área de Boston que se propone indagar en la ecología híbrida que presentan las ciudades en términos de identidad, reconociendo y aprecianco el complejo sistema ecológico en el que burbujean las ciudades y, en consecuencia, entenderlas como ecosistemas novedosos.

Conservación, vida animal, protección, sustentabilidad, infraestructura y desarrollo son algunos de los puntos para convertir a la ciudad/aula/laboratorio en un foro de intervención.

La ciudad es un iceberg y un commodity. Solo percibimos lo que está a nivel de nuestra vista y desconocemos en cambio la enorme infraestructura del iceberg en el que nos tocado existir a principios del siglo XXI (Latour, 2006;

Para que haya ciudad visible existen decenas de capas de ciudades invisibles que conforman la infraestrutrura física -y también la superestructura ideológica- que mantiene ciudad en su lugar (en casos como Roma, Londres y Paris mucho antes de los estados a los que hoy sirven de capital y que probablemente antes que después vuelvan a abandonar).

Mientras, a medida que el mundo se va urbanizando aceleradamente (USA pasó de 10% en 1800, a 40% en 1900, 64% en 1950 y 80% en 2000)  la vida rural se convierte cada vez mas en una excentricidad y los animales de granja devienernsalvajes y desconocidos. Paralelamente nuestro contacto con la naturaleza se vuelve cada vez mas artificial y artificioso

Con el peso que tienen nuestros reduccionismos al momento de entender que lo coidiano es un constructo social, que la vida en las ciudades no será inevitable ni glorificable a ultranza (Glaser, 2012) y que muchas otras alternativas de de-escalar están abiertas aunque nosotros ni lo imaginamos, convertir a las ciudades en una caja negra es un must.

4.4.2 El poder de la red…

La red. La metáfora de una arquitectura rizomática, y seguramente la más importante de este nuevo siglo que recién comienza (Berruete, 2018). Con tantas promesas rotas que acarrean desilusiones. Muchos teóricos y técnicos las pensaron, las diseñaron y crearon. Otros tantos las critican y ensalzan. Pero todos acuerdan que esta metáfora representa poder. Poder para muchos y/o concentración de poder para otros. Desigualdades y posibilidades. ¿Redes estrelladas / centralizadas o redes diseminadas / descentralizadas? ¿Son todos los nodos iguales en su tamaño y transmisión? ¿Cómo recorremos esos nodos? ¿Por qué aún no podemos salir de un diagrama de red representado meramente en un plano? (Barabasi, 2002; Didge & Kitchin, 2002)

Yochai Benkler (2007) sostiene, -como otros autores como Bruno Latour, a Manuel Castells- que cuando hablamos de la Sociedad Red o la Sociedad de la Información (y que también incluye a la economía-redf), estamos en un momento histórico sui generis, en medio de redes informáticas y comunicacionales mediadas por computadoras, que han llegado a participar de manera decisiva en los circuitos decisiobnalkes, al punto de reorganizar de manera irreversible cómo producimos, significamos y acumulamos poder en la sociedad contemporánea (Benkler, 2007; Castells, 1996, 2000)

Si al igual que Stafford Beer, buscamos pensar la libertad (una de las mayores promesas de la Sociedad Red), para describirla debemos atenernos a las 4 P: percepción de las creencias, preferencias, políticas legislativas y principios morales que derivan en acciones y reconfiguraciones sociales.

Para Benkler, si podemos ser lo suficientemente precisos en nuestras definiciones de cómo un sistema, hipotéticamente, tiene un impacto significativo en una cierta interacción y, además podemos especificar las fuentes de poder y como éste fluye en cada una de los sistemas solapados, quizá podríamos utilizar nuevos enfoques para mapear redes multidimensionales (Contractor, 2009; Contractor, Monge, & Leonardi, 2011) y como los distintos sistemas de red nos guían hacia diferentes distribuciones de poder y libertad. (Benkler, 2011; Naim, 2014)

Hoy uno de los proyecto más ambicioso -con muy bajo impacto aún- es Democracy Earth, llevada adelante por Santiago Siri, el ex-creador del Partido de la Red en la Ciudad de Buenos Aires. Su objetivo final es, a partir de sistemas de blockchain, financiados por bitcoin, crear un sistema que implique una Democracia Líquida más que una Democracia Representativa, y que derive en una red transnacional de decisiones políticas sin que esto implique fronteras o permisos, y que funcione de manera estandarizada para la política y economía a nivel mundial. ¿Menudo dedsafío no?

Su iniciativa tuvo varios espacios de prueba en Túnez, con el partido Podemos español, e incluso con el movimiento de los paraguas en Hong Kong. Como era de esperar este último testeo tuvo inconvenientes con el gobierno Chino que intervino cada una de los intentos para realizar una votación paralela, demostrando la fragilidad del uso sistemas informáticos para dimplementar votaciones en base a redes.

4.4.3 …es una utopía para los realistas

Si a los anteriores torpedeos, sumamos el crítico momento en el que se encuentra Wikileaks, el proyecto de Julian Assange (quien aún sigue como refugiado en la embajada de Ecuador en Londres), quienes pasaron de paladines de la justicia informativa a un escrutinio público y conflicto judicial con The Guardian quie lo presentan como LA herramienta rusa para hacerle ganar a Donald Trump las elecciones norteamericanas del 2016, ¿qué utopía de la red prometida nos queda por abrazar?

La utopía se dice de muchos modos, la realidad en cambio se impone en una precisa longitud de onda. Mientras imaginamos futuros abiertos y libertarios de la mano de tecnologías disruptivas (Jun, 2018; Werbach, 2018), y mientras los neoiluministas siguen a la Pinker, insisten en que nuestro siglo es el mejor de los siglos posibles, infinidad de datos, testimonios e investigaciones denuncian asimetrías, ven crecer exponencialmente las inequidades, asisten pasmados a la desaparición de la clase media y ven evaporarse a manos de la IA infinidad de empleos y actividades hasta poco consideradas eternas (distopías algorítmicas concretadas).

Ante la posibilidad de esta evaporación carcoma la capacidad de compra de grandes sectores de la economía la utopía contesta con una nueva propuesta ingeniosa, pero hasta ahora impracticable (salvo ejemplos fallidos en Finlandia en 2017 y en Ontario en 2016): la reducción del tiempo laboral y la institucón de una Renta Universal laboral.

La distribución del trabajo y la acumulación de la riqueza se ha distorsionado, tensando a la sociedad hasta el punto de asomarse al abismo de la ruptura. La incertidumbre y el desconcierto se instalan en la gente y los políticos no ofrecen una respuesta racional sino al contrario, algunos apelan a las emociones más primarias. No la ofrecen porque no la tienen, y no la tienen, sencillamente, porque no son capaces de imaginar un sistema diferente.

Bregman (2016) no propone recetas milagrosas ni fórmulas magistrales. La suya es una propuesta emanada del resultado de un ejercicio de imaginación acerca de cómo resolver la gran paradoja de nuestro tiempo: que en la era de la abundancia, millones de personas sufran escasez.

Financieramente, comportamental y organizacionalmente, esta idea está ganando terreno en la izquierda bien pensante. Dado que un capitalismo deshonesto va a automatizar la mayoría de nuestros trabajos, el bienestar humano solo puede asegurarse si todos reciben un ingreso básico universal (Hutton, 2017).

Aparte del hecho de que las necesidades humanas son infinitas, de modo que las predicciones de hoy sobre el fin del trabajo resultarán tan erróneas como las de siglos anteriores, no es más probable que un ingreso básico universal tenga éxito que el comunismo. La psicología del comportamiento confirma lo que incluso el joven Marx, un escéptico básico del ingresos para todos, sabía en sus huesos: los humanos creemos que la recompensa debe seguir un esfuerzo proporcional

Además de un imposible ingreso universal mínimo y una improbable semana de 15 horas, el mundo de fronteras abiertas que propone Bregman no es menos insostenible e im,opfactivanle

Entonces, ¿qué pasa con otras utopías si las que ofrece Bregman son helado derretido? ¿Por qué no tratar de inyectar algún propósito moral en el capitalismo de hoy? ¿No podría la gente común unirse a sindicatos mucho mas legítimos buscando promover un trabajo mejor y más gratificante? ¿Y qué tal crear una unión de estados vecinos en nuestro continente? Podríamos llamarla la Unión Europea. Aunque hasta éste después del Brexit se vea también amenazado.

4.4.4 Debate colectivo

Se tienen registros de que el primer parlamento tuvo lugar en León allá por 1188 y, según la UNESCO, alí radica el origen del formato de debate parlamentario. Han pasado 831 años, y si bien se han realizado cambios significativos, el modelo de participación no ha sido modificado en sus bases. La representatividad del pueblo en las cámaras nos ha permitido tomar decisiones con agilidad, pero su mayor ventaja se ha convertido en los últimos años en uno de sus mayores defectos en términos de decisiones, o sobre cómo las minorías acceden al parlamento.

Es menester revisar proyectos, ideas o movimientos que buscan cambiar sus cimientos. Alrededor de 2013 surgió una propuesta para las elecciones legislativas de la Ciudad de Buenos Aires: El Partido de la Red. Fundado por Pia Mancini y Santiago Siri buscaba crear un software que permitiera la toma de decisión colectiva entre varios usuarios y que finalmente se delegue a un experto en el tema.

Lejos de calar en la ciudad y con una dosis de ingenuidad en términos de aplicación parlamentaria, pudieron marcar los límites de lo permitido y lo prohibido en el escenario político. La experiencia duró sólo una elección en la cual recaudaron 20 mil votos (sólo el 1% del padrón), dado que en 2015 no lograron reunir los 4000 afiliados requeridos para la personería gremial de partidos.

A partir de un software vinculado a la propuesta DemocracyOS (de Siri y Mancini) el diputado tucumano Facundo Garretón implementó una votación por su decisión durante el debate por la despenalización del aborto en Argentina durante 2018. La misma obtuvo casi quince mil votos, y un resultado a favor del aborto, pero el diputado terminó votando en contra por “convicciones personales lo que despertó nuevamente recelos por el uso de estos sistemas donde en definitiva el botón es presionado por el parlamentario sentado en la silla.

Lejos de estas propuestas fallidas, que señalan un camino, nos interesan experimentos como “Collective Debate” del MediaLab en el MIT, que desarrolló un software donde los usuarios realizan una encuesta sobre su moral, y luego debaten sobre un enunciado controversial con un agente de inteligencia artificial.

Luego se vuelve a consultar con el usuario su opinión respecto del tema. El objetivo del agente de I.A. es buscar moderar la posición de las personas y por los resultados acumulados torcer las posiciones extremas. Un mediador tecnológico que en este tiempoo de extreams fácviles y desveroznados juega un rol humano, mas que humano. Con estos ejemplos a la vista, nos queda hacer una última pregunta:

4.4.5 Entonces, ¿quién lidera?

Lideran (y gobiernan) quienes toman las decisiones, de esto estamos seguros, pero entre los límites impuestos por los deseos burocráticos y los intentos por incorporar a la ciudadanía en el proceso de la toma de decisiones hay una amplia avenida del medio.

En 2005, la por entonces encargada del Gobierno Abierto (OpenGov) de Estados Unidos, durante el primer gobierno de Barack Obama Beth Noveck anunciaba que en muchos casos los gobiernos confunden apertura con transparencia. La mayoría de las iniciativas que buscan atraer a las ciudadanos son solamente mostrar números y bases de datos del accionar estatal. Y como nos recuerda Hans Rosling -o el “Loco” Bielsa-, en general estos datos no sirven para nada.

Noveck (2009, 2015) insiste en que poner a disposición de la ciudadanía datos sobre cómo se desempeña el gobierno no va a reinventar la vida de las personas, ni resolver sus problemas, ni siquiera cambiará el formato de gobierno o al gobierno. Lo único que hace es crear una rivalidad innecesaria entre los ciudadanos y la sociedad civil respecto de quienes deben controlar esa información.

Para un cambio real es necesario, en principio, cambiar el flujo de la información y permitir a los ciudadanos que puedan entregar datos al gobierno sobre su situación. Este cambio es fundamental dado que los ciudadanos pueden participar de manera real como productores y no meros consumidores de los datos que publica el gobierno. Por otra parte, es menester mejorar y crear espacios de participación reales para los ciudadanos: como sucede con el presupuesto participativo (Porto Alegre o La Plata) o el caso en Rusia o Islandia donde se utilizan wikis para escribir leyes de manera colaborativa.

Efectivamente, para abrir un gobierno, hay que realizar muchos más movimientos que “abrir los datos”… como suelen pavonearse los gobiernos latinoamericanos que cuando lo hacen, por el otro lado no sueltan un cm. el látigo del mando.

Los gobiernos hacen muy poco uso de las habilidades y la experiencia de los ciudadanos. Las nuevas herramientas, denominadas tecnologías de experiencia por Beth Simone Noveck, están haciendo posible que la experiencia de los ciudadanos se adapte a las demandas de los gobiernos. Ofrece una visión de democracia participativa arraigada no en la votación o el crowdsourcing, sino en el conocimiento y los conocimientos de las personas.

Esto nos devuelve a planteos de Pierre Clastres o de Pierre Levy desarrollados en otras cápsulas mostrando la heterogeneidad y fluidez de los conceptos que hacen posible la invención de mundos nuevos.

Referencias

Barabasi, Linked, 2002
Benkler, Yochai The power of networks. How Social Production Transforms Markets and Freedom. Yale University Press, 2007.
Berruete Verdolataria 2018
Bregman, Rutger Utopia for realists
Acemoglu, Daron & Robinson, James A. Why Nations Fail: The Origins of Power, Prosperity, and Poverty, 2013
Castells, Manuel1996
Castells, Manuel 2000
Chomsky, Noam Failed States: The Abuse of Power and the Assault on Democracy. Holt Paperbacks, 2007.
Dodge, Martin & Kitchin, Rob Atlas of Cyberspace. Pearson Education, 2002
Hutton, Will Utopia for Realists: And How We Can Get There by Rutger Bregman – review The Guardian 13/03/2017
Jun, Myungsan Blockchain Government: A next form of infrastructure for the twenty-first century. CreateSpace, 2018.
Kessler, Gigged: The End of the Job and the Future of Work. St. Martin’s Press 2018
Latour, Bruno & Hermant, Emilie Paris ville invisible. Paris. La Decouverte, 2006.
Naim, Moises The End of Power: From Boardrooms to Battlefields and Churches to States, Why Being In Charge Isn’t What It Used to Be. Basic Books 2014.
Noveck, Beth Simone Wiki Government: How Technology Can Make Government Better, Democracy Stronger, and Citizens More Powerful Brookings Institution Press, 2009.
Noveck, Beth Simone Smart Citizens, Smarter State: The Technologies of Expertise and the Future of Governing. Harvard University Press, 2015.
Ruppel Shell, Ellen The Job: Work and Its Future in a Time of Radical Change. Currency, 2018.
Sudjic, Dejan El lenguaje de las ciudades. Madrid, Ariel, 2018.
Werbach, Kevin The Blockchain and the New Architecture of Trust . The MIT Press, 2018.

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