May 22, 2024

Las emociones en clase no son una moda.

Author: Tiching
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¿La educación emocional es una moda? ¿Tratamos con respeto las emociones? El profesor Ramón Rodríguez Galán comparte una reflexión sobre la importancia de tener en cuenta las emociones del alumnado dentro del aula. ¡No te lo pierdas!

Las emociones no son una moda. Hay que tratarlas con el respeto y la importancia que merecen. No entiendo la educación sin emoción, y después de veinte años de experiencia trabajándolas en el aula, lo digo más convencido que nunca. Sería como intentar vivir sin respirar, imposible. Las emociones forman parte de nuestras vidas, nos acompañan veinticuatro horas al día, nos cambian el estado de ánimo en un segundo, nos dan sobredosis de energía, o nos la quitan toda de golpe. Vivimos con ellas. Y con ellas realizamos todas las actividades y retos que cada día se nos ponen por delante.

Imagen de las emociones en clase no son una moda: difrentes caras animadas con distintas emociones

Se supone que los adultos, con sus más y sus menos, sabemos identificar nuestras emociones, somos capaces de ponerles nombre, e incluso sabemos gestionarlas, o no… Pero si hablamos de los niños, en edades de Infantil o Primaria, apenas saben identificar sus emociones, seguramente no saben ni cómo se llaman y, con casi total seguridad, no han aprendido aún a gestionarlas, es natural, están aprendiendo a hacerlo. Ellos sí que viven en un mundo de emociones que inundan todo lo que hacen, todo lo que dicen y todo lo que viven. Y es justo ahí, en ese universo de emociones que van y vienen, donde los niños tienen que enfrentarse al apasionante proceso de aprender.

Cuando llegamos al cole, alumnos y docentes entramos en clase con nuestra mochila bien cargada de emociones, porque sí, amigos, las emociones entran en clase, no se pueden dejar fuera. De ahí que sea fundamental que sepan identificarlas, que sepan ponerles nombre y que aprendan a gestionarlas, aunque sea mínimamente. Niños educados en emociones serán adultos maduros y emocionalmente fuertes, con más herramientas para lidiar con las malas rachas y poder seguir adelante y superarlas, como también serán capaces de gestionar las buenas rachas, y mantener los pies en el suelo. Porque tan necesaria es una cosa como la otra. Cuanto antes de comienzo esa educación emocional, más sencillo y natural será el proceso, y mejores resultados dará.

Es una realidad que la buena gestión de las emociones favorece en gran medida nuestra salud mental, algo que influye directamente en nuestro bienestar personal. Nuestras emociones son capaces de sacar lo mejor y lo peor de nosotros, y todo depende de cómo seamos capaces de manejarlas. Al igual que los maestros entendemos que es fundamental educar a nuestros alumnos en valores, en el respeto y la tolerancia, e invertimos mucho tiempo en ello (para muestra, un botón, mirad el proyecto para educar en valores que titulé Las Gemas del Infinito están en nuestra clase), en los que educamos sobre todo con el ejemplo, también debemos ir entendiendo la necesidad de comenzar a educar en emociones. Con actividades sencillas, sin complicarnos la vida, porque no es necesario, sin hacer nada que no sepamos ni estemos preparados para hacer, por supuesto, pero ir empezando por algo, poco a poco.

Una manera muy sencilla y básica para hacerlo es, por ejemplo, comenzar a hablar de ellas. Parece obvio, pero darlo por hecho puede ser un error, ya que no siempre se hace, y debemos romper ciertos tabús absurdos, que nos cohíben, y comenzar a hablar y dejar hablar de nuestras emociones con total libertad. Para ello es necesario crear en clase un ambiente propicio, que el alumnado se sienta plenamente libre para poder expresarse, con complicidad, sabiéndose escuchado, respetado y comprendido. Para, a partir de ahí, comenzar a ponerles nombres a esas emociones que van saliendo a la luz, de manera pública o privada. Como bien sabéis, hay niños que son capaces de contarnos cosas que no son capaces de contar a sus propias familias, por vergüenza, por miedo a represalias, por saber que no serán comprendidos y por muchas otras causas. Es entonces cuando la escuela se convierte en un lugar maravilloso para que este proceso se haga realidad, y eso no tiene precio. Para muchos niños y adolescentes la escuela se convierte casi en su único camino a la esperanza, un camino que siempre debe permanecer abierto y sin obstáculos.

No es fácil, pero bien merece la pena el esfuerzo.