March 3, 2024

Los profesores, un factor clave para evitar los estereotipos en la escuela

Author: Gil
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En el proceso educativo pueden existir conductas derivadas de los prejuicios de género, ya sean por parte de los agentes educativos y dirigidos hacia los estudiantes o por parte de los alumnos al reproducir lo aprendido en su contexto social. Pero ¿qué podemos hacer para contrarrestar y prevenir estas situaciones? ¿Y cómo podemos educar y reaprender; sensibilizar y analizarnos para ser más empáticos, conscientes y ser agentes de cambio e impactar de manera positiva a nuestros alumnos y comunidad?

De acuerdo a estadísticas a nivel global, los padres contemporáneos son mucho más propensos a enfocar su atención en que sus hijos sean inteligentes y sus hijas delgadas. Esto sugiere que existen prejuicios en las expectativas de los padres respecto a sus hijos e hijas; a su vez, repercute en la crianza y formación de los niños y jóvenes.

Las expectativas o prejuicios de género impactan la vida de los menores: pueden ser limitantes para su desarrollo integral y el de su potencial; inciden en cómo se perciben y la construcción de su identidad; deriva en las oportunidades de vida, al afectar la predisposición a aprender habilidades o competencias (ya sea porque alguien les dice que “no deben” o “no pueden” o porque el niño o niña ya ha internalizado esos límites y se asume inapropiado o incapaz de realizar cierta actividad.

Las mujeres son quienes más padecen una discriminación velada en las escuelas, familia y centros laborales. En el aspecto académico, sucede cuando los educadores dudan de sus capacidades cognitivas o cuestionan y estigmatizan sus deseos o capacidad de involucrarse en actividades que en el imaginario se asocian únicamente con el sexo masculino, como jugar fútbol, por ejemplo. Esto, es una barrera durante el proceso enseñanza-aprendizaje y, por lo tanto, resulta en un obstáculo para el desarrollo pleno de los alumnos, sean hombres o mujeres, pues si hemos mencionado que las niñas son las más afectadas, también sucede con los hombres. Ante un escenario de prejuicio de género en la escuela, se puede generar desmotivación y repercute en el rendimiento académico; incluso puede llegar hasta la deserción.

Dichas situaciones se producen en distintos contextos, o los actuamos, quizá sin percatarnos de ello. Estas cuestiones a veces están tan enraizadas que no logramos identificarlas en nuestro comportamiento; nos parecen “normales”.

Ante este panorama, ¿qué podemos hacer para crear sanos entornos de aprendizaje que faciliten el desarrollo y potencial de los estudiantes?

  • Contar con programas dentro del sistema educativo que fomenten el desarrollo de habilidades socioemocionales.
  • Impulsar la empatía en los alumnos; es fundamental para que sean capaces de percibir, compartir y comprender al otro.
  • Reforzar la confianza de cada niño y niña a través del autoconocimiento, para construir su identidad e identificar sus fortalezas ante situaciones adversas.
  • Fomentar el reconocimiento de emociones (especialmente a los niños se les ha limitado en este aspecto); esto ayuda a regularlas y expresarlas de manera positiva.
  • Valorar el pensamiento creativo, las ideas, deseos y planes de los niños y adolescentes; los motiva. Poner énfasis en la identidad y personalidad, no en cómo lucen o cuánto pesan, etcétera.

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